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miércoles, 24 de mayo de 2017

Berlineando | Mi paseo favorito

El fin de semana pasado decidimos desconectar totalmente de la ciudad, y nos fuimos a pasar la tarde paseando a orillas del lago berlinés Wannsee. La verdad es que la caminata y el aire fresco nos vino muy bien, porque hemos caido uno tras otro en una especie de gripe primaveral y últimamente no levantamos cabeza. ¡Pero no os vayáis a creer que se trata de un paseo cualquiera! Pues siempre recurrimos a él, en esos momentos en los que las fuerzas escasean. Digamos que para mí,  es muy personal y cada vez que me paso por allí me inspira y me renueva. Porque es: ¡una auténtica belleza!


¿Y por dónde empezamos? Pues en el mismísimo puente Glienicke (1), un puente de hierro bien soso que conecta la zona berlinesa Wannsee con Potsdam. Aquí donde lo véis, es famosísimo en el mundo entero y hasta es protagonista de un montón de libros y películas: ¡¡¡y todo por ser el puente de los espías!!! Resulta que está situado en un punto estratégico, así que durante la Guerra Fría los americanos y los rusos hacían intercambios allí mismo. Llegar hasta aquí es muy fácil, tan solo tenéis que coger alguna línea de metro o tren hasta la parada Wannsee y allí cambiaros a la línea de autobús 316 que os deja justo en el Glienicker Brücke.








A un paso de allí os espera algo formidable: ¡un auténtico palacio clásico del siglo XIX!  Un capricho de inspiración italiana, que el príncipe Carlos de Prusia encargó al arquitecto Friedrich Schinkel (1815) como residencia de verano. Rodeado de naturaleza y con unas vistas infinitas al lago Wannsee,  el palacio Glienicke y sus jardines (2) son Patrimonio de la Humanidad. Pasear por sus jardines y descubrir cada uno de sus recovecos es totalmente gratuito. Así que os podéis imaginar que ir hasta allí merece mucho la pena, rompiendo por todas con la imagen prototípica que todos tenéis del Berlín más turístico.







Después, tan solo tenéis que dirigiros a la salida presidida por dos ciervos y salir del recinto real. Seguid el sendero a orillas del lago, y dejaros llevar aproximadamente durante una hora (3). Entre barcos veleros, árboles y pájaros es imposible no desconectar. Para nosotros es tradición, acabar el paseo con un café con vistas y una tarta casera. ¡El restaurante Blockhaus Nikolskoe (4) es el lugar perfecto para ello! Una casa de madera al más puro estilo ruso, construida encima de una colina y con mucha historia tras de sí que podéis curiosear aquí. Tras la pausa del café, el paseo se va terminando mientras dejamos a lo lejos la curiosa iglesia evangélica St. Peter und Paul (1834). Su fachada de ladrillo y su cúpula en forma de cebolla, recuerdan que un día quiso ser ortodoxa (5). ¡En este punto, vosotros decidís! Bien cogéis un autobús de vuelta a la estación Wannsee o seguís la aventura en barco hasta la Isla de los Pavos reales, en alemán Pfaueninsel. Eso sí, elijáis lo que elijáis: ¡contadme vuestra experiencia!










¿Qué os ha parecido el paseo? ¿Os resulta conocido algún lugar? ¿Cuál es vuestro paseo favorito? ¡Espero vuestros comentarios y hasta la próxima!


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miércoles, 10 de mayo de 2017

Berlineando | Mi experiencia en The Haus

Como ya os conté por las redes sociales, estoy loca de contenta porque mi hermana ha venido a pasar una temporada conmigo. Y me da que loca pero de atar, la voy a acabar volviendo yo a ella. Desde que llegó no la dejé ni respirar, llevándola de aquí para allá y berlineando sin parar. Ayer mismo la convencí para ir a visitar The Haus, una casa llena de arte callejero y que prometía ser: ¡lo más de lo más! Resulta que han dejado un edificio de 5 pisos completamente vacío, en manos de 168 artistas. Y ellos, me imagino que encantadísimos, han hecho lo que han querido con cada rincón de lo que era un antiguo banco. Dicen que la casa ha sido creada para ser destruida. Así que comprenderéis que con semejante lema, este proyecto artístico atrajo automáticamente mi atención. A mí, y a la mayoría de los berlineses porque la espera se nos hizo eterna y tardamos como una hora y media en entrar.

Mientras hacíamos cola nos pasaron unas bolsas de plástico con un cierre bastante potente, para que guardáramos nuestros teléfonos móviles. Porque en The Haus no entra nada de nada: ni móviles, ni cámaras, ni los bolsos más grandes que un letrero de cartón escrito a rotulador que dice: Taschenmesser (medidor de bolsos). ¿La idea de todo esto? Que los visitantes se concentren en el arte de cada una de las habitaciones y las disfruten con cada uno de los sentidos. En concreto 108 salas, repartidas entre los cincos pisos del edificio. ¡Sí, claro! Los pasillos, los descansillos y los baños incluso de peluche, también están incluidos.



En cuanto a mi experiencia artística allí dentro, no sé muy bien que deciros. Si estáis interesados en el arte urbano de lo más alternativo y sobre todo vais con suficiente tiempo, no deberíais perdéroslo. Seguro que en vuestro caso, será una experiencia única. Al contrario, si sois unos tiquismiquis, sufrís de alergias o fotosensibilidad, pensároslo pero bien. La probabilidad de que os dé un chungo allí dentro, puede ser bastante elevada.

La idea es que lo que hayamos visto allí, tan solo se quede en nuestro recuerdo. ¡Y vaya si puse en práctica el concepto! No puedo dejar de pensar cómo sería vivir entre musgo o lo que quedaría del techo de mi habitación si de repente a un gigante le diera por poner sus pies en ella. Más no os puedo contar: ¡porque todo allí es de un secretísmo total! Tendréis que animaros y pasaros por allí antes del 31 de mayo, día en el que el edificio quedará hecho pedazos.

¿Qué os ha parecido? Si ya la habéis visitado, contadme qué tal fue vuestra experiencia. ¡Espero vuestros comentarios!

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jueves, 4 de mayo de 2017

Mis imprescindibles | Estocolmo (2/2)

 

La semana pasada os contaba lo mucho que dieron de sí mis cuatro días de desconexión total en Estocolmo. En la primera tanda de mis imprescidibles paseamos por el adorable casco antiguo (1), cafeteamos al más puro estilo sueco (2) y navegamos por la desafortunada historia del barco vikingo Vasa (3). Hoy añado a la lista tres planes holmienses más, que por nada deberíais dejar pasar:

4. Vete de compras por Norrmalm, el barrio más moderno de la ciudad
Alucina en los grandes almacenes suecos NK (Hamngatan 12) y de paso, prueba algún tentempié en alguna de sus estilosas cafeterías. Atrévete con una "Toast Skagen", una tostada de gambas sueca o con un plato de las famosas albóndigas "Köttbullar". Es curioso que el cartel de su tejado (con su logo por una parte y un reloj por otra) no deja de girar y por la noche se ve requetebién: ¡porque se vuelve fluorescente! Patéate la calle Kungsgatan, y curiosea bien las tiendas de decoración, regalos y diseño que por allí tanto abundan. Y claro, si eres fan de las marcas suecas como H&M, & Other Stories o COS: ¡te sentirás en el paraíso!







5. Inspírate en el museo de arte moderno y contemporáneo de la ciudad
El Moderna Museet es un chute repentino de entusiasmo. Es sorprendente que un edificio aparentemente tan soso por fuera, esconda tanto por dentro.  Su exposición permanente y al parecer gratuita, alberga obras de arte de todo tipo desde el 1900 hasta la actualidad. Y no solamente de artistas escandinavos, sino que abundan las de otros tremendamente geniales como Andy Warhol o Picasso. ¡De lo mejorcito que he visto, sería una pena perdérselo!

 
 

6. Contempla Estocolmo desde otra perspectiva: ¡sobre un barco!
Existen diferentes alternativas y todas ellas tienen sus oficinas de información frente al puerto. Nosotros compramos nuestros billetes 24h Boat Pass,  justo delante del palacio real. El tiempo no acompañaba nada, así que elegimos la línea azul que no es muy larga pero pasa por los principales tesoros de la ciudad. Después de hacer un circuito al completo para disfrutar de las vistas y hacer algunas fotografías, decidimos usar este peculiar medio de transporte para ir de aquí para allá. Y así fue como llegamos a los museos de los que os hablé o regresamos al centro de la ciudad.







¿Qué os ha parecido esta segunda tanda de imprescindibles holmienses? ¿Conocéis Estocolmo? ¡Espero vuestros comentarios!

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Mi hotel en Estocolmo (Suecia)
Mis imprescindibles ⃒ Estocolmo (1/2)


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miércoles, 26 de abril de 2017

Mis imprescindibles | Estocolmo by Pepa (1/2)



Hej Hej! Hoy comparto con vosotros la primera tanda de mis imprescindibles holmienses. Un puñado de planes que no os vendrán nada mal, si a igual que a nosotros os pilla un frío tremendo tan característico de esta ciudad. Algunos de ellos son ideales para entrar en calor, mientras se turistea de aquí para allá. Pero pese al frío, merece la pena lanzarse a la aventura y recorrer las calles mientras se disfruta de la vida cotidiana y la cultura del lugar.

1. Piérdete por las callejuelas de Gamla Stan, el casco antiguo de la ciudad
Como sacado de cuento, empezó a coger forma en el siglo XIII. Lleno de caminos empinados y casas de colores que se sospecha que puedan ser de influecia alemana. Allí todo sorprende, a pesar de que es el barrio turístico por excelencia de la ciudad. Para mí fue inevitable curiosear un largo rato las tiendas artesanales y de recuerdos, así como fotografiar sin parar cada detalle del lugar. Pero el casco antiguo ofrece aún mucho más: allí mismo se encuentra el palacio real donde se puede disfrutar del cambio de guardia, está plagado de edificios renacentistas y con mucha historia detrás y tampoco le sobran ni los museos, ni las cafeterías y aún menos los restaurantes en los que degustar alguna que otra especialidad sueca. Smaklig måltig!
 



2. Entra en calor cafeteando al más puro estilo sueco
Suecia lidera la lista de países donde se consume más café por habitante. Ya sea en el trabajo o entre amigos, los suecos cumplen a rajatabla eso de disfrutar de la pausa del café llamada "fika". Mis recomendaciones: la cafetería Schweizer situada en pleno casco antiguo y donde se pueden probar aunténticas especialidades suecas (Västerlånggatan 9, 111 29 Stockholm). Otro lugar que me encantó, fue la cafetería en la planta baja del hotel Hobo: ¡pura inspiración! (Brunkebergstorg 4, 111 51 Stockholm).




3. Disfruta admirando los detalles de un auténtico barco vikingo
La historia del buque de guerra Vasa, es digna de película. Ya es mala suerte, que justo naufragó el mismo día de su viaje inaugural (10 de agosto de 1628). Todo ocurrió debido a un problema de mala distribución del peso que provocó su hundimiento a poco más de un kilómetro del puerto de Estocolmo. Rescatado en los años 60, fue restaurado minuciosamente casi al completo. Actualmente está expuesto al público en el Museo Vasa situado muy cerca del centro de la ciudad en el distrito Djurgården. Una experiencia única que por nada del mundo os deberíais perder, si al igual que yo tenéis especial interés en el mundo naútico en general o simplemnete para conocer un poco más de la historia escandinava.





Y hasta aquí, una muestra de lo que dieron de sí mis cuatro días de desconexión total en Estocolmo. Estad atentos, porque la próxima semana compartiré con vosotros la segunda tanda de imprescidibles holmienses. Pero hasta entonces: ¡contadme alguna cosa! ¿Qué os ha parecido? ¿Conocéis Estocolmo? ¡Espero vuestros comentarios!

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