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miércoles, 22 de febrero de 2017

Berlineando | Mi visita a la Berlinische Galerie

El fin de semana pasado tenía unas ganas locas de berlinear. Y mira que en mi caso y en esta época, esto es bien difícil. Porque vivir en una ciudad con un invierno eterno, gris y muy pero que muy frío es lo que tiene: ¡quita las ganas de poner un pie fuera a cualquiera! Y para ir tachando uno a uno y de una vez por todas los cientos de planes berlineses que tengo pendientes, decidí visitar espontáneamente el museo de arte modernista, fotografía y arquitectura de Berlín. ¡Realmente más conocido como la Berlinische Galerie!



Algo que me parece muy curioso es que el edificio era un antiguo almacén de cristales allá por los años sesenta. Después de ser renovado, abrió sus puertas en el 2004 como el museo que hoy en día conocemos. Consta de dos plantas y tiene unas dimensiones perfectas, ya que no es ni minúsculo ni eterno. En la planta baja están las exposiciones temporales y en la superior, se encuentra la exposición permanente con obras de arte berlinés desde 1880 hasta 1980.





Cada una de las exposiciones tiene algo especial, pero yo me voy a centrar en la que más me fascinó: la de la ganadora del premio Bellas Artes de Berlín (Hannah-Höch-Preis 2016): Cornelia Schleime. Su exposición Ein Wimpernschlag Hannah-Höch-Preis 2016 ha sido muy inspiradora para mí y me ha sorprendido una barbaridad, no tan solo por sus obras sino por la tremenda historia que hay detrás de su vida personal. Nacida en el este de Berlín cuando todavía estaba el Muro en pie, pasó por un auténtico calvario al no adaptarse ni sus obras ni su estilo de vida a los ridículos mandatos de la RDA. Tal fue el acoso y derribo que sufrió, que en 1984 se escapó al otro lado de Berlín dejando todo su arte atrás.




Sus obras expuestas son bien modernas, pues datan desde los ochenta hasta la actualidad. Y aunque aquí os enseño una buena parte de ellas, se quedan para mí otras tantas llenas de fantasía y que al menos a mí me trasladaron a otra realidad. La parte más personal, se puede ver en un original material fotográfico que realizó durante sus viajes. Como por ejemplo uno que realizó a Kenia, y en el que te puedes encontrar alguna que otra sorpresa. Pero lo que me pareció más curioso, es que exhibe con mucho humor algunas copias de los que fueron los archivos de vigilancia que la Stasi tenía sobre ella. Pero para saber mejor de lo que estoy hablando, no os queda más remedio que pasaros personalmente por allí a verla.





¿Qué os ha parecido? ¿Conocéis a esta artista berlinesa? ¡Espero impaciente vuestros comentarios!

Los que no vivís en Berlín, estáis de suerte. Porque aquí os dejo un vídeo que resume tanto la exposición de Cornelia Schleime como la de artista Tatjana Doll, también premiada este año pero con la versión novel del premio de Artes de Berlín (Hannah-Höch-Förderpreis 2016).


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miércoles, 15 de febrero de 2017

Fin de mi viaje de carretera: Días 7-9

Pues sí, desgraciadamente mi aventura por tierras americanas está a punto de terminar. Y confieso que disfruté muchísimo compartiéndola con vosotros durante estas semanas. Más que nada, porque está siendo una especie de terapia que me permite sobrellevar más o menos decentemente este invierno berlinés tan cansino. La verdad es que recordar este viaje, en el que día sí y día también disfrutábamos del buen tiempo y de paisajes de ensueño: ¡levanta el ánimo a cualquiera!



Pero, a lo que vamos. Como os contaba, iniciamos nuestro séptimo día de ruta en Toquerville, Utah. Después de desayunar requetebién, metimos el equipaje en el coche y tras un par de horas de viaje llegamos a nuestro primer objetivo del día: el Valle del Fuego (Valley of Fire State Park). Disfruté mucho conduciendo a través de este parque estatal que resulta que es el más grande y antiguo del estado de Nevada. Y todo ello, a pesar de las altas temperaturas que llegamos a alcanzar. Las formaciones rocosas de color rojo me parecieron lo más de lo más y en el centro de visitantes aprendí que son antiguas dunas de arena que se fosificaron en la época de los dinosaurios.




Ya bien contentos, nos fuimos directos a Las Vegas. Este era nuestro destino final del día y allí teníamos reservado un hotel para dos noches en pleno The Strip. Nada más llegar: ¡supe que fue un error fatal! La verdad es que de haberlo sabido antes, tan solo le hubiera dedicado una visita rápida a esta ciudad: ¡ilusa de mí, mira que me lo tenían más que dicho! Pero que le voy a hacer: ¡soy una cabezona y me picaba la curiosidad! Si es que Las Vegas tiene la fama que bien se merece, y es un auténtico alboroto desde que llegas hasta que te vas. Un estruendo tremendo permanente, lleno de luces fluorescentes en movimiento que me acabaron volviendo majara.



Ya a la mañana siguiente, decidimos trazar un plan para sobrevevir ese día y esa noche sin morir en el intento. Nos entretuvimos de compras, y nos llamó especialmente la atención el centro comercial The Forum Shops at the Caesars Palace. Además al ir temprano, no había ni un alma y pudimos relajarnos algo: ¡para mí que la mayoría de la ciudad estaba durmiendo la mona! Después decidimos comprar entradas para el espéctaculo Mystere de Cirque du Soleil. ¿Y qué os puedo decir? No nos pudo gustar más y encima nos ayudó bastante a despedirnos de la ciudad sin un tremendo mal sabor de boca.




Al día siguiente, es decir el noveno: ¡nos marchamos de allí pitando! Por el camino, paramos a comprar un café y de pura casualidad nos encontramos con un centro comercial enorme. Decidimos entrar, y resultó ser un outlet inmenso en el que encontramos auténticas gangas de famosas marcas americanas. Creo recordar que se llama Fashion Outlets of Las Vegas, y lo que más me sorprendió es que estaba plantado en medio de la nada. Un lugar tremebundo a pie de autopista y al lado de un hotel de carretera rarísimo con una montaña rusa abandonada. Esto si que era como de película: ¡pero de las de miedo! De nuevo en el coche, nos pasamos la tarde conduciendo a través del desierto Mojave. Después de más de cuatro horas y con un hambre terrible, llegamos a lo que debe de ser la definición del paraíso: ¡Palm Springs!




Al fin, de nuevo en California. Como ya os conté hace algún tiempo, disfrutamos durante tres días bien comodones en este hotel al más puro estilo Pepa. Entre otras cosas que pronto os contaré, nos fuimos de excursión por el famosísimo parque natural Joshua Tree. Seguro que a más de uno os suena porque tanto su paisaje desértico como su árbol de Josué, son a menudo protagonistas en infinidad de anuncios publicitarios, películas, series e incluso en uno de los álbunes más famosos de la banda U2. Y fue allí mismo, donde ví por primera vez una enorme tarántula negra en libertad. Al salir del coche en uno de los puntos habilitados para visitantes, una mujer muy maja me avisó de que tuviera cuidado. No la entendía muy bien, pero enseguida me dí cuenta de que este bicho tan feo se acercaba a mí mientras se paseaba por debajo de los coches aparcados. Me metí en el coche de un saltó, le tiré una foto a lo lejos con la ventanilla bajada y no volví a salir más.






En definitiva, un desierto con muchísimo encanto que derrocha vida y aventura. Tan solo está a unas horas de LA y es una buenísima opción para pasar el día en la naturaleza mientras se hace senderismo o incluso se puede ir a escalar. O como nosotros, simplemente disfrutarlo en el coche a través de sus carreteras llenas de curvas.  Lo reconozco, nos quedamos perdidamente enamorados de esa luz rosada del atardecer californiano y que concretamente allí fue de lo más espectacular. Y por supuesto, desde ya mismo: ¡nos declaramos fans incondicionales de la vida del desierto!

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miércoles, 8 de febrero de 2017

Mi viaje de carretera: Día 6, adorable Utah

Como os contaba en el anterior post, después del largo día de carretera a través del Valle de la Muerte y con un batiburrillo de emociones encontradas: ¡llegamos a Utah! Tan solo eran las siete de la tarde, pero ya había oscuridad total. Una pena, porque estábamos bien curiosos por descubrir cómo sería el paisaje de este nuevo estado americano aún por recorrer. 


Decidimos pasar esas dos noches en un alojamiento Bed & Breakfast, con un estilo familiar y tremendamente americano. Se llama Phoenix Haus, tan solo tiene tres habitaciones y no os lo podéis perder por nada si queréis vivir una experiencia bien auténtica. Recordamos con mucho cariño el fantástico desayuno casero que Toni nos preparaba cada día a las 8 de la mañana y nos gustó mucho saborearlo junto a ella y otra pareja de huéspedes. Era interesante intercambiar experiencias e impresiones con americanos bien genuinos, como siempre dispuestísimos a ayudar y haciéndonos sentir como en casa.





Ya con el estómago bien lleno, cogimos el coche y nos dedicamos a investigar los alrededores. ¡Reconozco que este día fue de los mejorcitos en toda nuestra aventura! Me impresionaron muchísimo los paisajes e incluso nos topamos un par de veces con enormes ciervos cruzando a saltos la carretera. Además me quedé boquiabierta cuando me enteré, de que allí mismo habitan leones de las montañas. ¡Por suerte o por desgracia, no nos encontramos con ninguno!





Decidimos visitar tranquilamente el parque natural Zion, que no nos pudo sorprender más. Su paisaje montañoso de color rojizo combinaba a la perfección con el color tostado de sus carreteras. Estuvimos un buen rato recorriéndolo en coche pero no lo hicimos al detalle, porque necesitábamos tomarnos el día para recargar las pilas. Me encantó su tienda de recuerdos, donde compré un montón de postales vintage y algunos pins de la fauna del lugar.




Además en las cercanías del parque había una tienda de lo más interesante que vendía un montón de bisutería y detalles decorativos, todo ello hecho con piedras que procedían directamente de la zona. Me llamó mucho la atención que en el aparcamiento había montones gigantes de piedras para vender de todos los colores y tamaños. Supuse que se comprarían de recuerdo o para decorar los jardines. Todo lo que de allí me traje, me está viniendo muy bien para redecorar nuestro dormitorio berlinés al más puro estilo Western.





Ese mismo día, fuimos a cenar a un restaurante cerca del pueblo: Stage Coach Grille. Nos lo recomendaron en el hotel, y teníamos muchas ganas de comer algo típico y codearnos con gente de la zona. ¡De nuevo: alucinados! Desde que puse un pie dentro, no podía dejar de mirar: lámparas de aceite en las paredes, puertas abatibles de madera, camareros con auténticas botas de cowboy y una comida a la barbacoa deliciosa. Una experiencia única que no os podía dejar de contar, y con la que cierro otra etapa más.

La próxima semana más, pero no os despistéis porque mi viaje de carretera está al acabar... 
¡Espero vuestras impresiones y comentarios!

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Mi viaje de carretera por California:
Día 1: Malibú, Santa Bárbara y Solvang
Días 2/3: Big Sur, Monterrey y Sutter Creek
Días 4/5: Bear Valley, Mono Lake y Death Valley

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miércoles, 1 de febrero de 2017

Mi viaje de carretera por California: Días 4 y 5

Nuestro cuarto día de viaje de carretera comenzó después de un desayuno al más puro estilo americano en Sutter Creek. Y la verdad es que: ¡como para olvidarlo! Porque digamos que fue un día bastante ajetreado y lleno de contratiempos. Por un lado, estuvimos prácticamente todo el día conduciendo debido a que nuestro plan se vió truncado por el mal tiempo. Además se nos averió la regulación eléctrica del asiento del conductor en medio de la nada, y tuvimos que conducir horas y horas bien incómodos. Y a esto se sumó el cambio brutal de temperaturas que sufrimos a lo largo del día: ¡pasábamos de la nieve, al sol y del frío al calor constantemente! Pero al menos estos traspiés sirvieron para algo, ya que tuvimos la suerte de disfrutar de unos paisajes impresionantes con unos contrastes inmensos que daba gusto mirar.



Y ahora os preguntaréis: ¿cuál era nuestro plan inicial? Pues visitar el famosísimo parque natural Yosemite, concretamente cruzándolo a través de la mítica carretera 120. Pero debido a la nieve, resulta que ese día permaneció cerrada al tráfico. Por suerte, ya habíamos contemplado esa posibilidad y teníamos planificada otra alternativa pero claro: ¡muchísimo más larga! Ya en marcha a lo largo de la carretera 88, decidimos parar a hacer fotos en una parte del adorable Bear Valley. Un valle famoso tanto por sus estaciones de esquí como por los osos, como bien indica su nombre.



Nuestro objetivo del día era llegar a Loney Pine, un pueblo de carretera situado a pie del famoso Monte Whitney y donde teníamos reservada una habitación en un motel: ¡toda una experiencia! En un pequeño trayecto del viaje, abandonamos California y pasamos brevemente por Nevada. Me impresionaron muchísimo los paisajes kilométricos de hierba amarilla llenos de animales pastando. Y la de granjas solitarias que había. Sí, siempre lo digo: ¡como de película!





A la hora del almuerzo hicimos una parada para picar algo en medio de la nada y llamamos a la compañía de alquiler de coches para gestionar un posible cambio de vehículo. Por suerte, no hubo ningún problema y lo solucionamos todo de lujo. Sin entretenernos demasiado y de nuevo en California, pasamos a lo lejos por el lago Mono Lake. Seguro que sabéis de que hablo, porque las esculturas de aspecto blanquecino que se forman en su agua salina son muy famosas. Nuestra mayor preocupación era no llegar en absoluta oscuridad a Lone Pine pero entre una cosa y otra: ¡así fue! Después de todo un día conduciendo desde por la mañana hasta ya entrada la noche, ni siquiera encontramos un establecimiento por el camino para tomar algo. Así que ver un cartel del Starbucks a lo lejos, fue lo equivalente a ver un oasis en el desierto.




Ya en Lone Pine, nos acostamos bien temprano muertos de cansancio. El lugar no me entusiasmó nada, y tan solo quería que la noche pasara rápido. No solo para largarme pitando de allí, sino para disfrutar del próximo día de aventura. ¡Sí, otro laaaaargo día de carretera! Concretamente el quinto. Pero este prometía mucho y empezaría a pocos kilómetros de allí.




El Death Valley no nos pudo gustar más, pero estoy segura de que visitarlo a principios de noviembre nos facilitó muchísimo las cosas. Y es que conducir por el desierto es lo que tiene, que puedes llegar a alcanzar temperaturas extremas y todavía más en este: ¡porque es el lugar más caluroso y seco del mundo entero! Dicen que allí se registraron temperaturas de hasta 58 grados, así que bien se merece su horripilante nombre: ¡Valle de la Muerte! En nuestro caso, no entendimos demasiado lo de su mala fama, quizá porque apenas sobrepasamos los treinta grados y nos dejamos llevar por sus encantos.





Sin lugar a dudas, fue aquí donde más disfruté conduciendo horas y horas por sus carreteras eternas y fotografiando sus dunas de arena. Además tuvimos la suerte de encontrarnos con coyotes nada más llegar y que con mucha prudencia pude fotografiar. Como bien sabréis, hay que respetar a los animales del desierto y por nada del mundo alimentarlos. Porque a pesar de que parezcan adorables y hambrientos: coyote alimentado = coyote muerto. Pues mueren más coyotes atropellados que de hambre. Pero no fue la única sorpresa del día, porque pudimos disfrutar de un avión militar en pleno entrenamiento (podéis ver el vídeo aquí). ¡Toda una sorpresa!




¡No lo niego, dos días bien intensos! Después de hacer una parada en Furnace Creek para airearnos un poco, dejamos el parque con una sensación de satisfacción tremenda y un batiburrillo de emociones. Ahora tocaba abandonar por unos días California y conducir unas cinco horas a través de Nevada y Arizona, hasta llegar a nuestro próximo objetivo: el pueblín Toquerville, en Utah.

¡No os perdáis la próxima etapa de mi aventura! ¡Espero vuestras impresiones y comentarios!



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