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lunes, 17 de julio de 2017

Berlineando con mi hermana | 10 imprescindibles para ventiañeros

Hoy tenemos en el blog una visita un tanto inesperada. Se trata nada más y nada menos que: ¡de mi hermana! Siempre que llega el buen tiempo, viene a visitarnos y se queda a berlinear una buena temporada. Y es que ella misma lo dice: ¡Berlín le encanta! Aquí donde nos veis, nos sacamos diez años de diferencia. Digamos que yo soy de principios de los ochenta y ella es más de los noventa. Pero si os digo la verdad, esto nunca supone un problema y es más: ¡a medida que cumplimos años, más nos mimetizamos! A saber, quizá sea que pasamos muchas horas juntas o que whatsappeamos demasiado. Sea como sea, aquí tenéis la lista de imprescindibles berlineses que me ha enviado. Así que si queréis, me podéis acompañar dando un salto tremendo en el tiempo y perdiéndonos por Berlín como si aún fuéramos ventiañeros.



1. Un desayuno en Makrönchen (Leonhardtstraße 9)
Esta cafetería es ideal para esos días en los que Pepa y yo necesitamos un momento de relax berlinés. Un gran café con leche y un par de macarons suben el ánimo a cualquiera. Mi favorito es el de frambuesa relleno de mermelada.



2. Arrasar las droguerías Dm vs. Rossman
Puedo pasarme horas probando maquillaje, colonias, etc. Pero lo que más me gusta de ambas, es que puedo encontrar una gran variedad de productos para mi piel sensible.

3. Un paseo dominguero por la avenida KuDamm
Escaparatear con frappuccino en mano nunca viene mal. Entre Chanel, Gucci, Prada, o mi favorito, Valentino… ¡Cualquiera no encuentra inspiración para la próxima temporada!



4. Un tentempié en el Café Kranzler (Kurfürstendamm 18)
Siempre necesito una pausa en pleno shopping berlinés. Un café y una tarta veganos mientras observo pájaros de lo más cosmopolitas me sienta de maravilla.



5. Unas compras: KaDeWe (Tauentzienstraße 21-24)
Siempre es un placer perderme entre las delicatessen del Kadewe. Su supermercado que es de lo más internacional y la planta de complementos: ¡son mis partes favoritas!

6. De museo: Alte Nationalgalerie (Bodestraße 1-3, Museumsinsel)
Me encanta toda la exposición, pero especialmente me quedo con los cuadros de Claude Monet. Además, su arquitectura interior y las pinturas en tono pastel de sus techos tan históricos me encandilaron.



7. De excursión: ¡al zoo! (Hardenbergplatz 8)
Ir al zoo es de las cosas que más me gustan y he de confesar que disfruto como una enana. Adoro todos los animales, pero lo que más me impresiona es observar al gorila Ivo desde la distancia, pues siempre me sorprende. ¡Y sobre todo si tiene su manta!



9. De aventura: Hackescher Markt (Berlin Mitte)
Me encanta acercarme hasta el Hackescher Mark y dar un paseo para descubrir edificios y tiendas de lo más berlinesas. Para recargar pilas, os recomiendo la pizza margarita y la cerveza de la casa en la terraza de Clärchens Ballhaus (Auguststraße 24).



10. Para acabar el día: Monkey Bar (Budapester Straße 40)
Siempre me encanta pasar una noche marchosa en las alturas con Pepa. Y para acompañar ¡marchando unas patatas dulces -que aquí se llaman Süßkartoffel- y un cóctel bien frío de frutos rojos, bitte!

¿Habéis visto que hermana más estilosa tengo? ¿Qué os han parecido sus recomendaciones? ¡Espero vuestros comentarios!



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lunes, 10 de julio de 2017

Mis reflexiones | Maldito síndrome posvacacional

No hay cosa que me tome con más desgana que eso de volver a la rutina. Mira que me empeño en hacerme a ella: ¡pero nada, no hay manera! Y la cosa se pone bastante peor, si volvemos de alguna escapada a mi tierra. Porque en mi caso, estas visitas a casa suelen tener una doble cara: al principio te dan un subidón pero a la vuelta conllevan una tremenda desolación. Y es que me da la sensación que eso de vivir fuera, parece ser pan comido visto desde la perspectiva ajena. Oye, que yo no digo que tenga sus ventajas, pero emocionalmente agota a cualquiera. Porque eso de irse de vacaciones a donde viviste más de media vida, es sin duda algo bien raro de procesar: ¡y aún más, si llevas a rastras de aquí para allá: ¡una doble identidad!




Dicen que eso del síndrome posvacacional, mejora si se reservan unos días libres a la vuelta para ir adaptándose a lo que te espera. Pero yo vuelva cuando vuelva, los días anteriores al viaje ya estoy toda necia. Los que me conocen ya bien lo saben, así que: ¡para qué haceros sufrir entrando en detalles! Del rollo de la actitud positiva ya ni hablamos, porque más bien en mi caso se convierte en tremendista: que si cuanto voy a echar de menos esto y aquello, que si mi Romeo, lo que daría yo por unos días más. Pero sobre todo: ¡cualquiera vuelve ahora a esa cansina bilingualidad! Soy capaz de tirarme horas lamentándome, pero que le voy a hacer si al fin y al cabo es mi terapia particular pre-posvacacional.



Con el sueño no suelo tener problemas porque de la mala leche que acumulo esos días, suelo dormir como una piedra. Pero lo del apetito, sí que me afecta. Y es que después de estar una temporada disfrutando de mis platos favoritos, ir al supermercado alemán se convierte en una auténtica odisea. Y hablando de comida. Resulta que descubrí un restaurante asturiano estupendo que además de pillarnos cerca de casa, tiene una decoración exquisita. Se llama La Cacharería y es uno de los culpables de mi tremenda desdicha. Después de probar sus croquetas o su tarta de queso casera, a ver quién se atreve a sacarme a cenar por aquí fuera.



Pero no todo van a ser calamidades, porque durante las vacaciones también estuvimos de boda. ¡Y no precisamente una cualquiera! Una de esas en las que no falta detalle y en las que los novios por nada del mundo ahorran en los fuegos artificiales. Eso sí, el buen tiempo por allí duró más bien poco, pero nada es comparable con lo que nos recibió a la vuelta. Un Berlín hibernal con unas temperaturas bien frescas y unas inundaciones tremendas. Lo que aún me enfada más porque:  ¡venía loca de contenta con la maleta llena de ropa veraniega nueva! A todo esto, no os preocupéis mucho que  pronto estaré bien. Aunque reconozco que hasta que no pasen unas semanitas, mis cambios de humor no pararán de subir a bajar: ¡más o menos como últimamente mis seguidores de Instagram!




¡Ya estoy de vuelta! ¿Y vosotr@s? ¿Cómo ponéis remedio al síndrome posvacacional? ¡Espero vuestros comentarios!

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miércoles, 14 de junio de 2017

Berlineando | Navegando a través del Spree



Ya estoy contando los días para que lleguen mis esperadas vacaciones, pero mientras tanto no pierdo oportunidad de berlinear y enseñar a mi hermana cada rincón de la ciudad. Mismamente este fin de semana, hicimos un tour en barco con el que nos quedamos boquiabiertas. Concretamente el recorrido comenzó en el puente Schloßbrücke, muy cerca del palacio de Charlottenburg. Allí mismo nos subimos a un barco que nos llevó durante más de tres horas por el río Spree, pasando siempre al ras de los tesoros y los barrios más emblemáticos de la ciudad.




Ver el parlamento, la catedral, la bola de la televisión berlinesa o el famosísimo puente Oberbaumbrücke, desde esta nueva perspectiva: ¡me pareció lo más! Berlín visto desde el agua, es sin duda: ¡la mejor versión de la ciudad! La verdad es que el tiempo se nos pasó volando. Además de hacer un montón de fotos y selfies para el recuerdo, disfrutamos muchísimo de un café con helado y alguna que otra delicia que ofrecía el restaurante a bordo. Las risas no faltaron, sobre todo cuando el barco pasaba por debajo de algún que otro puente que casi nos llegaba al ras de nuestras cabezas. Y como no, aprendimos cosas como que: ¡Berlín tiene más puentes que la mismísima Venecia!






Nosotros elegimos la compañía Reederei Bruno Winkler, que también ofrece tours mucho más cortos e incluso nocturnos por la ciudad. En este caso, se trata del *Tour 2 - Trayecto regular pasando por el Spree y & Landwehrkanal* que cuesta 22 euros por persona. Los billetes se pueden comprar directamente en el muelle del Schloßbrücke donde hay una taquilla o en Friedrichstraße,  donde también hace una parada. Como veréis me he quedado bastante satisfecha con la experiencia, y no  dudaría ni un instante en volver a repetirla. No creo que haya mejor manera de disfrutar de la ciudad, que cómodamente a bordo de un barco mientras te dejas llevar.





¿Qué os ha parecido? ¿Habéis hecho algún tour en barco por Berlín u otra ciudad? ¡Espero vuestros comentarios! 

Me voy de vacaciones unas semanas pero mientras tanto nos podemos seguir a través de las redes sociales, donde compartiré mi día a día y un montón de recomendaciones más. 
 
 

miércoles, 7 de junio de 2017

Berlineando | La Columna de la Victoria

El tiempo pasa volando y no quiero perder oportunidad de ir tachando uno a uno los planes berlineses que todavía tengo pendientes. Aún más si cabe, para aprovechar a tope los fines de semana más cálidos del año y como algunos ya sabéis, porque en unos meses haré un paréntesis -eso sí, con vuelta- de mi vida berlinesa. Ya hacía semanas que no me quitaba de encima, las ganas de disfrutar de unas buenas vistas. Y es que Berlín es lo que tiene, deslumbra aún más: ¡si lo observas desde arriba!





El mirador de la Columna de la Victoria, remoloneaba entre mis apuestas. Probablemente os sonará de sobra, porque la Siegessäule está situada en pleno Tiergarten y su estatua dorada es uno de los símbolos más característicos de la ciudad. Su localización privilegiada, hace que se vea desde múltiples rincones de la ciudad. A mí me encanta observarla cuando paso en el metro de camino a Mitte y sobre todo cuando la luz del sol se refleja en ella, emitiendo esos destellos metálicos tan particulares. Sesenta y nueve metros de altura, empotrados de lleno en plena rotonda Großes Stern. Pocos sabréis que su lugar original era la actual Plaza de la República, frente al Reichstag. Pero resulta que durante la época nazi, la trasladaron al lugar actual por puro capricho estético. Y esto lo debieron hacer trozo a trozo, como originalmente se fue construyendo para celebrar las tres victorias prusianas consecutivas (1874).






¡Acceder a su mirador es toda una aventura de riesgo! Subir cientos de escalones a la redonda provoca que te cojas un mareo de aquí te espero. Y sin hablar del tema altura, que resulta demasiado evidente si te da por mirar hacia abajo en esos descansillos un tanto transparentes. Avisados estáis: las mínimas dimensiones tanto de la escalera como del mirador, pondrán vuestro vértigo y claustrofobia a prueba. Pero por el camino pensad que una vez arriba, tanto esfuerzo habrá merecido bien la pena. Vistas a la redonda sobre la ciudad, con la enorme estatua de bronce encima de tu cabeza: ¡una auténtica experiencia verla desde tan cerca!

¡Espero vuestros comentarios y hasta la próxima aventura!

Si te van las buenas vistas, quizá también te interese:
Panoramapunkt: mirador + cafetería
Un cóctel entre amigos a 203 metros de altura 

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miércoles, 31 de mayo de 2017

Berlineando | Mi vis a vis con los elefantes

Hace tiempo compartía con vosotros una lista de planes berlineses solo aptos para valientes y que aún tenía pendientes. Uno de ellos era visitar las instalaciones de los elefantes del Zoo de Berlín, en un vis a vis junto con algunos de ellos y su cuidador de confianza: Date mit Ihrem Lieblingstier im Zoo Berlin.  Casi ocho meses de espera que merecieron bien la pena, desde que el Pepe me regaló esta experiencia en septiembre por mi cumpleaños. Y allí estábamos nosotros con una puntualidad alemana extrema, para no perdernos ni un segundo de los veinte minutos que duraba la ansiada cita. 


Desde hace tiempo, el Zoo y el Tierpark de Berlín ofrecen citas con algunos de sus animales. Y no solo participan los elefantes, sino que también podéis visitar a los hipopótamos, los pingüinos, los tapires, los coaties o los suricatos. Para solicitarlas solo tenéis que rellenar el formulario que aquí proporcionan. Posteriormente se pondrán en contato con vosotros vía telefónica para acordar una cita, la cual puede demorarse bastante porque los encuentros con los animales tienen lugar tan solo una vez a la semana. El coste son 80 euros, una cantidad que nosotros consideramos una donación a uno de nuestros lugares favoritos de la ciudad. En el caso de los elefantes asiáticos, es posible compartir la experiencia con otras cuatro personas. Y yo que soy bien buena, la compartí tanto con el Pepe como con mi hermana, y me quedé bien contenta porque resultó ser: ¡una fantástica vivencia!

 

El día de la visita hay que entrar al Zoo por la puerta Löwentor, y acceder al centro de visitantes. Allí hay que comprar la entrada como normalmente, y luego te explican donde será el punto de encuentro con el cuidador para la visita guiada. Normalmente la cita se programa al final de la tarde, cuando los animales ya están recogidos. El cuidador no pudo ser más amable, y ya estaba esperándonos unos minutos antes. Nos enseñó al detalle las instalaciones, que normalmente solo son aptas para los trabajadores. Además de eso, nos explicó toda la rutina diaria del cuidado de los animales, respondió a nuestras preguntas y nos entregó un cubo de manzanas para que nuestros amigos los elefantes asiáticos nos recibiesen bien motivados. ¡Y así fue! Nada más lo vieron, allí estaban esperándonos tras una puerta para mantener nuestra seguridad. La elefanta que véis en la foto se llama Pang Pha.  Sin duda fue nuestra favorita, y no se separó de nosotros en ningún momento. No dejaba de olisquearme con su trompa una y otra vez para reclamar la atención. Aquí donde la véis, es una treintañera como yo. Nació en Tailandia, donde a los pocos meses se quedó huérfana tanto de padre como de madre. Desde que la encontraron fue alimentada a biberón y por eso, está muy acostumbrada al contacto con humanos: ¡no podía ser más amable!

 

Aprendimos muchas cosas: como que los elefantes viven en familia o que a través de la pigmentación de sus orejas se puede deducir su edad. Ahora sé diferenciar un elefante africano de uno asiático a primera vista. Y también que se pueden pasar hasta 19 horas comiendo al día, que tienen enormes muelas o que su embarazo dura 22 meses. Ya os podréis imaginar que volvimos a casa muy impresionados, y como podéis ver en la foto de abajo: ¡con una sonrisa de oreja a oreja! No sé a vosotros, pero el carácter afable de los elefantes siempre me ha llamado muchísimo la atención y tenerlos tan cerca fue sin duda: ¡una inolvidable experiencia!


¿Qué os ha parecido? ¿Habéis disfrutado de alguna experiencia similar? ¡Espero vuestros comentarios y hasta la próxima aventura!

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miércoles, 24 de mayo de 2017

Berlineando | Mi paseo favorito

El fin de semana pasado decidimos desconectar totalmente de la ciudad, y nos fuimos a pasar la tarde paseando a orillas del lago berlinés Wannsee. La verdad es que la caminata y el aire fresco nos vino muy bien, porque hemos caido uno tras otro en una especie de gripe primaveral y últimamente no levantamos cabeza. ¡Pero no os vayáis a creer que se trata de un paseo cualquiera! Pues siempre recurrimos a él, en esos momentos en los que las fuerzas escasean. Digamos que para mí,  es muy personal y cada vez que me paso por allí me inspira y me renueva. Porque es: ¡una auténtica belleza!


¿Y por dónde empezamos? Pues en el mismísimo puente Glienicke (1), un puente de hierro bien soso que conecta la zona berlinesa Wannsee con Potsdam. Aquí donde lo véis, es famosísimo en el mundo entero y hasta es protagonista de un montón de libros y películas: ¡¡¡y todo por ser el puente de los espías!!! Resulta que está situado en un punto estratégico, así que durante la Guerra Fría los americanos y los rusos hacían intercambios allí mismo. Llegar hasta aquí es muy fácil, tan solo tenéis que coger alguna línea de metro o tren hasta la parada Wannsee y allí cambiaros a la línea de autobús 316 que os deja justo en el Glienicker Brücke.








A un paso de allí os espera algo formidable: ¡un auténtico palacio clásico del siglo XIX!  Un capricho de inspiración italiana, que el príncipe Carlos de Prusia encargó al arquitecto Friedrich Schinkel (1815) como residencia de verano. Rodeado de naturaleza y con unas vistas infinitas al lago Wannsee,  el palacio Glienicke y sus jardines (2) son Patrimonio de la Humanidad. Pasear por sus jardines y descubrir cada uno de sus recovecos es totalmente gratuito. Así que os podéis imaginar que ir hasta allí merece mucho la pena, rompiendo por todas con la imagen prototípica que todos tenéis del Berlín más turístico.







Después, tan solo tenéis que dirigiros a la salida presidida por dos ciervos y salir del recinto real. Seguid el sendero a orillas del lago, y dejaros llevar aproximadamente durante una hora (3). Entre barcos veleros, árboles y pájaros es imposible no desconectar. Para nosotros es tradición, acabar el paseo con un café con vistas y una tarta casera. ¡El restaurante Blockhaus Nikolskoe (4) es el lugar perfecto para ello! Una casa de madera al más puro estilo ruso, construida encima de una colina y con mucha historia tras de sí que podéis curiosear aquí. Tras la pausa del café, el paseo se va terminando mientras dejamos a lo lejos la curiosa iglesia evangélica St. Peter und Paul (1834). Su fachada de ladrillo y su cúpula en forma de cebolla, recuerdan que un día quiso ser ortodoxa (5). ¡En este punto, vosotros decidís! Bien cogéis un autobús de vuelta a la estación Wannsee o seguís la aventura en barco hasta la Isla de los Pavos reales, en alemán Pfaueninsel. Eso sí, elijáis lo que elijáis: ¡contadme vuestra experiencia!










¿Qué os ha parecido el paseo? ¿Os resulta conocido algún lugar? ¿Cuál es vuestro paseo favorito? ¡Espero vuestros comentarios y hasta la próxima!


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