Viajar con un gato en la cabina del avión: experiencia y requisitos

Dos nos fuimos a Asturias en diciembre. Y un mes más tarde, a Berlín volvimos tres. Inauguro nuevo año en el mundo bloguero, contándote que adopté un gato. Algo con lo que siempre soñé y surgió cuando menos me lo esperaba. Se llama Chispi y fue callejero hasta el veintiseis de diciembre, día en el que se convirtió en un miembro más de la familia. Y el veinte de enero comenzó una nueva etapa como asturiano por el mundo, ya que se mudó a nuestro piso berlinés. Hoy además de contarte su historia, compartiré algunos consejos para viajar con un gato en la cabina del avión.

Cómo conocí a Chispi

Como ya sabréis, desde este verano apoyamos a algunos gatos callejeros en la huerta de mi casa asturiana. A principios de agosto apareció Chispi: un gato negro muy cariñoso que me seguía a todas partes y con el que conecté inmediatamente. En septiembre tocaba volver a Berlín y me daba mucha pena dejarle allí. Alguna lagrima cayó, aunque me consolaba que mi madre o mi hermana le fueran a dar de comer (junto al resto de gatos) y me mandaran fotos o vídeos a diario. 

Mes tras mes, la fantasía de adoptarlo ya no me parecía tan descabellada. Volví cuatro meses después, coincidiendo con las navidades. Al segundo día de estar en casa, le vimos por la ventana. Entonces la abrí, le llamé, pegó un salto y vino corriendo. Bajé a abrir la puerta, entró en casa y nunca más nos separamos. 


Su historia

Pasamos las primeras navidades juntos, se adaptó muy bien a la rutina de estar en casa y cinco días más tarde lo llevé al veterinario. El día 26 de diciembre del 2023, Chispi se convirtió oficialmente en mi gato. Todo pasó tan rápido que se quedó con el nombre que le pusimos espontáneamente por el verano, ya que es pura chispa y energía positiva. 

Chispi nació con la cola corta, siempre ronronea y como le faltan los dientes de abajo, a menudo está con la lengua fuera. No sabemos qué vida tuvo, ni si siempre fue callejero. Tampoco conocemos su edad, aunque la estimaron entre tres a cinco años. Sabemos que es inmunodeficiente, por lo que es muy importante que esté bien cuidado y no tenga contacto con otros animales. 

Pero claro, la mayoría del tiempo vivimos en Alemania. Así que tenía que prepararlo para que se acostumbrase y le permitieran viajar conmigo en el avión. Algo que no fue nada fácil, pero resultó ser muy útil porque te puedo contar mi experiencia a continuación.

Requisitos para viajar con un gato en cabina desde España a Alemania (o viceversa):

1. El gato debe tener un microchip que le identifique.

2. Su edad debe ser superior a 8 semanas, pero este requisito varía entre compañías aéreas.

3. Debes solicitar un pasaporte en el veterinario que detalle claramente que está sano y que tiene las vacunas en regla. La más importante es la vacuna contra la rabia y deben pasar 21 días desde que se la pongan hasta tu vuelo.

4. Tiene que viajar todo el tiempo dentro de un transportín suficientemente ventilado y que no debe superar las dimensiones máximas de 55 x 40 x 23 cm.

5. El transportín con el gato dentro no puede superar los 8 kilos. Aunque en Volotea permiten los 10 kilos.

6. Si vas a viajar con un gato en el avión, es muy probable que tengas que comprar los billetes telefónicamente. En el caso de Iberia, debes llamar y te tienen que confirmar que en el vuelo que quieras coger, todavía haya plazas para mascotas. Te harán una reserva previa incluyendo al gato y luego, la podrás pagar online.

7. Para viajar entre Asturias y Berlín con un gato, pagué un importe de 60 euros. Esto lo hice con tarjeta y directamente en el mostrador de facturación cuando me confirmaron que todo estaba correcto. El importe a pagar dependerá de cada compañía y del destino donde viajes. A más distancia, mayor precio. Pero pagarás lo mismo por tu mascota, viajando en primera clase que en turista.

8. Si vuelas con tu gato en cabina, no podrás hacer el check-in de tu vuelo online. Debes hacerlo en el mostrador de facturación del aeropuerto donde te asignarán tus asientos.

9. Puede ser que te pidan que imprimas un formulario, lo completes y lo entregues en el mostrador de facturación. Pero en mi caso, lo hizo directamente la empleada de Iberia y solo tuve que firmarlo para responsabilizarme de mi mascota durante el viaje.

10. Solo se puede volar con un gato en cabina si los vuelos son de corta o media distancia. En mi caso, se trataba de dos vuelos (con conexión) y un total aproximado de 4 horas de viaje (sin incluir la espera en los aeropuertos).

Compañías aéreas que admiten gatos en cabina

Nosotros viajamos con Iberia, así que la experiencia que te cuento gira en torno a esto. Si vas a viajar con otra compañía aérea, ponte en contacto antes de viajar para que te confirmen cuáles son los requisitos. Aunque por lo general, casi siempre suelen ser los mismos. 

Recuerda que los requisitos de los que te hablé son los vigentes para viajar entre España y Alemania (y viceversa). En cada país pueden variar, y no todos admiten gatos aunque formen parte de la Unión Europea. 

Salvo las compañías de bajo coste como Easyjet o Ryanair, casi todas aceptan viajar con mascotas. Por si te sirve de ayuda, estas son algunas de las compañías aéreas que aceptan gatos en la cabina del avión: Iberia, Vueling, Volotea, LufthansaEurowings, AirEuropaAirFrance o Aegean.

Experiencia en el aeropuerto

A pesar de que entrenaba diariamente con el arnés y el transportín (e incluso con viajes en coche), el viaje resultó un poco dramático porque tanto en el coche como el aeropuerto no dejaba de miagar. 

En el mostrador de facturación, le pesaron y controlaron que todo estuviera en orden en su pasaporte. Luego, pagué sesenta euros y recibió su propio billete gatuno que tuve que enseñar antes de entrar al control de seguridad. Tuve que sacarlo en el control de seguridad del aeropuerto y pasar por el arco detector con él en mis brazos. Lo llevaba dentro del transportín con un arnés, al que le puse una correa antes de sacarle para evitar que se me escapase.

No tuve gran problema, le metí de nuevo en su bolsa (sin arnés para que estuviera más cómodo) y subimos al primer avión que duraba una hora. Spoiler: no dejó de miagar.

Llegamos a Madrid donde teníamos que coger el vuelo de conexión a Berlín. Como noté que se había hecho pis, entre a un baño de los que se cierran completamente con una puerta corredera. Realmente era para minusválidos o bebés, pero me daba bastante miedo que se me escapara por el aeropuerto. Allí cambié el empapador de su bolsa, lo cogí un poco y al verme, se tranquilizó. Desde ese momento estuvo relajado en su transportín viendo todo lo que pasaba a su alrededor.

10 imprescindibles para viajar con tu gato en el avión:

1. Bolsa cómoda, permeable y ventilada
2. Su pasaporte y su billete
3. Un empapador dentro de la bolsa por si se hace pis (y alguno extra, para cambiárselo durante el viaje)
4. Toallitas limpiadoras especiales para gatos
5. Arnés y correa para poder pasar el control de seguridad sin miedo a que se escape
6. Su juguete favorito dentro de su bolsa
7. Sus golosinas gatunas favoritas para darle de vez en cuando
8. Jeringuilla vacía que puedes recargar de agua cuando tenga sed
9. Mantita para taparle si vas a llegar a un destino frío
10. Algunas personas les administran relajantes antes del viaje, previa consulta al veterinario. En mi caso no lo hice, pero quizás me informe para el próximo viaje.

Mi experiencia en el avión y llegando a Berlín

Como ya os comenté, cogimos dos vuelos porque nuestro viaje era con conexión. El primero fue de una hora de duración y el gato fue miagando todo el tiempo. Era un avión pequeño y lo tuvimos que colocar en el suelo entre nuestros pies. Sin embargo, en el segundo avión tuvimos la suerte de poder llevarlo en el asiento del medio (que iba vacío) y las tres horas que duró el vuelo a Berlín, las llevó bastante bien.

Creo que notó que no pasaba nada y al verme al lado, se relajó y durmió parte del viaje. Cuando llegamos a Berlín, no hubo ningún control más al gato. Aunque sí que nos pasaron un perro de la policía de aduanas que estaba en prácticas. Por supuesto, esto a Chispi no le gustó absolutamente nada.

A modo de anécdota y para que lo tengáis en cuenta, uno de los taxistas del aeropuerto de Berlín rechazó llevarnos por viajar con un gato. Amablemente se ofreció el siguiente y la verdad es que el viaje en coche hasta casa funcionó bien. Creo que del frío se quedó sin palabras.

Si molestar al resto de pasajeros es algo que te inquieta (como me pasaba a mí), ten en cuenta que muchas de las personas que tendrás a tu alrededor (grandes y pequeñas) harán más ruido que tu gato en el avión. Hablan alto, gritan, pegan golpes a los asientos y nadie les dice nada. Así que olvídate de este asunto y disfruta del viaje.

De gato callejero de pueblo a cosmopolita comodón

Una vez pusó un pie en el piso de Berlín, lo investigó minuciosamente. Alguna ventaja tendrá que tener haber sido callejero… Por ejemplo, no tener miedo a lugares nuevos. En unas horas ya estaba totalmente adaptado y hasta eligió sus lugares favoritos. Mañana cumple dos semanas viviendo aquí y no me puedo imaginar mi rutina sin él. Y te preguntarás, ¿siendo (ex)callejero te pide salir? Pues nada, ni mu. Chispi no tiene ninguna intención de salir, pero tiene mucha en convertirse en un gato comodón. Aunque cuando mejore el tiempo, quiero empezar a sacarlo de vez en cuando a la calle porque no quiero que pierda su espíritu aventurero. 


¡Y hasta aquí ha llegado el post de hoy! Ya me contarás qué te ha parecido todo lo que te he contado. Si alguna vez has viajado con tu gato en la cabina del avión, me encantaría conocer tus trucos o experiencia.

¡Novedad! A partir de ahora actualizaré el blog solamente el primer viernes del mes. Se vienen grandes cambios a mejor que requieren una gran inversión de mi tiempo. Si recibes mi Newsletter, ya sabrás de qué hablo. 

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