Lo que más echaré de menos de Berlín



Bajar a por flores a la floristería del mercado. Tenerla a pie de portal y con esa variedad de flores de temporada, sé que es algo que difícilmente me vuelva a pasar. 

Al florista que me vendía las flores a precio de ganga.

Los cantos del mirlo de mi patio. Y sus baños diarios en mi terraza.

Mi terraza abarrotada de plantas.

Que me visite una ardilla, especialmente Clementina.

El paso de las grullas a partir de marzo.

Su arte urbano.

La multiculturalidad y la diversidad.

La infinita oferta cultural, gastronómica y artística.

Ver a los hombrecillos Ampelmännchen en los semáforos.

La llegada de la primavera y que la ciudad pasé del gris al verde.

Disfrutar de mis lugares favoritos en buena compañía. Especialmente, junto a mi hermana.

La luz dorada de los atardeceres en otoño. 

El cielo entre lila y rosado que hay a veces en verano.

Pasar el día haciendo alguno de mis planes favoritos en Wannsee.

Visitar la isla de los pavos reales.

Ver la torre Berliner Fernsehturm desde diferentes perspectivas. Y también desde mi ventana.
  
Pasar una tarde o un fin de semana recorriendo mis lugares favoritos de Brandeburgo.

La posibilidad de hacer siempre nuevos planes.

Desayunar entre plantas en la cafetería del vivero Königlichen Gartenakademie. 

Las comidas de fin de semana en la terraza del restaurante Funky Fish.

Las tartas de Princess Cheesecake o los pasteles de Kaiser Patisserie.

Pasar con el coche delante de la Puerta de Brandeburgo o girar en la rotonda de la Columna de la Victoria.

La abundancia de mercadillos y de planes en Navidad.
  
Las vistas a la catedral desde la plaza Schinkelplatz.

El festival de los coches antiguos cuando llega el verano.

El centro comercial Bikini Berlin.

Sus museos.

Los Chai Latte sentada en la barra de la cafetería Coffee drink your monkey.

Los Eclairs de CANAL.

Hacer la compra en mis supermercados favoritos.

Las mañanas de sábado comiendo y curioseando por el KaDeWe.

Recorrer el jardín botánico en mayo. Y en diciembre, iluminado.

Las carreras de los domingos en el Olympiastadion.

Tomar un café en la terraza de la cafetería Einstein Kaffee de la calle Franklinstraße, mientras nos ponen el coche a punto en el taller.


Las tiendas de mi barrio.

Los aterrizajes del helicóptero en el parque de enfrente.

A las cornejas cenicientas.

Cruzarme de vez en cuando con un zorro.

Al vecino que sienpre me recoge los paquetes cuando no estoy. Y quien adoptó todas las plantas de mi terraza.

Pasear viendo los escaparates a través de la avenida Kurfürstendamm. Sobre todo, cuando está completamente iluminada en Navidad.
  
Mi piso. Y especialmente, sus techos altísimos, su chimenea y la enorme cristalera.

De nuevo, mi piso.

Mi piso en Navidad.

Mi pisoooooo.

Sentirme una más.

Que siempre tenga algo nuevo que ofrecer.

Que su historia y monumentos siempre me emocionen.

Que todo lo que ocurra, ocurra en Berlín.

Que sea la ciudad protagonista de este blog.

Charlottenburg.





Y hasta aquí ha llegado el post, con el que cierro mi etapa berlinesa. A partir de ahora, empezaré a contaros mi nuevo comienzo viviendo entre Asturias y Fráncfort.

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